14/02/09

Venezuela 1806- 1810

Volvamos a anudar el hilo de los acontecimientos de Venezuela.

Ahogada en la apariencia la revolucion, fermento sordamente durante los primeros años del siglo actual entre la juventud venezolana. Las familias que tuvieron la desgracia de perder alguno de sus miembros, y aquellas que habian sufrido y sufrian aun las consecuencias del primer paso dado hacia el templo de la libertad, aleccionadas por la experiencia, se agitaban con cautela en favor de la santa causa y esperaban el momento oportuno de poder obrar con mayor acierto, con nueva decision y energia.

Despues de mil y mil contrariedades, el 25 de Marzo de 1806 se presentaba Miranda en la Costa Firme, a vista de Ocumare, con una corbeta y dos goletas, unicos auxilios que pudo conseguir de la America del Norte. Sus fuerzas de desembarco se componian de unos 200 jovenes que se le unieron en Haiti. Atacado de improviso por dos bergantines, despues de una vigorosa pero inutil pelea, con perdida de las goletas, se retiro a Trinidad, donde impetro el auxilio de los ingleses y muy particularmente el de Cochrane, almirante de la escuadra que estacionaba entonces en las islas de Barlovento.

De alli a cuatro meses guiaba quince diferentes buques con 500 hombres, y habiendo puesto en fuga a los enemigos que defendian la costa, penetro vencedor en la Vela de Coro el segundo dia de Agosto; pero no encontrando alli la acogida y proteccion que esperaba, renuncio a su expedicion y regreso a Trinidad, pasando luego a Europa desde esta isla.
Diez de los suyos, hechos prisioneros en el combate, fueron pasados por las armas en Puerto-Cabello y varios otros confinados a los presidios.

Este fue el último de los actos del mando de Vasconcelos.

Los acontecimientos de España en 1808 pusieron al capitan general sucesor, Don Juan Casas, en la más crítica situacion. Los comisionados mandados alli por Murat que le exigian obediencia al nuevo monarca, y la presencia de un buque de guerra ingles en las costas, le envolvieron en una inmensa perplejidad. Por otra parte, la imprudente lectura que un oficial frances hizo en publico de la “Gaceta de Bayona” produjo un motin entre los oficiales criollos y espanoles, que dieron el grito de "iViva
Fernando VII y mueran los franceses!" Ademas, la actitud del pueblo le impidio decidir por si solo en tan arduas circunstancias, y acordo reunir una junta auxiliar compuesta de un miembro por cada tribunal, corporacion y clases de la sociedad.

La junta, presidida por Casas, se hizo cargo de los despachos de
Murat y de los que el gobierno britanico habia enviado por medio de Colincour y de Cochrane, y opto decididamente por la conservacion del estado de cosas sin alteracion de ninguna especie. Esta medida, como era natural, mantuvo y sobreescito la general inquietud, ocasionando motines y alborotos que el capitan general tuvo que castigar con mano fuerte.

El ayuntamiento le instaba a que constituyese una junta como las de la metropoli, algunos dias antes de la llegada de un comisionado mandado por la junta de Sevilla. El 28 de Julio Casas accedio a las instancias del ayuntamiento, y el 5 de Agosto se presentaba en Caracas el mencionado agente.

Constituida la junta, no sin que antes hubiesen mediado contestaciones entre el cabildo y el capitan general que exigio de este obediencia ciega, subsistio hasta el 13 de Enero de 1809, en que fue reconocida la soberania de la central, instalada en Aranjuez por Septiembre del año anterior.

Declarados como parte esencial e integrante de la monarquia espanola sus dominios ultramarinos, el valiente, antiguo y distinguido capitan de la marina real Don Vicente de Emparan fue nombrado, en reemplazo de Casas, como capitan general de Venezuela.

Bolivar acompaño en su viaje al nuevo representante militar de España, pues como buen patriota no podia vivir lejos del suelo que le había visto nacer y cuya precaria suerte tantas veces aceleraba los latidos de su noble y esforzado corazon. La idea de poder dar a su pais dias de dicha y prosperidad, abriendole la senda de su futura independencia, en mas de una ocasion habia venido a interrumpir su sueno y a mecer sus halagueñas esperanzas de gloria. El 17 de Mayo, Emparan y Bolivar pisaban la Costa Firme. Las primeras disposiciones del nuevo capitan general fueron tan violentas y desacertadas, que todos, sin excepcion alguna, asi españoles como criollos, con animo de no separar la colonia de la madre patria, formaron el plan de derrocar su poder y de constituir en seguida un gobierno analogo al de aquella.

Expiraba el mes de Marzo de 1810, y segun estaba convenido, el marques del Toro, coronel del batallon miliciano de los valles de Aragua, debía señalar la entrada del de Abril apoderandose por sorpresa del capitán general, quien noticioso del proyecto, merced a un vil denunciador, dio un golpe de mano a los conspiradores.

Contra lo que podia esperarse, y en desacuerdo con sus primeros actos de gobierno, se limito Emparan a confinar en Maracaibo, Margarita y otros puntos de la provincia a los principales autores del abortado plan.

Vagos rumores se esparcieron por este tiempo acerca de la disolucion de la Junta central y de la dispersion de sus miembros, rumores que fueron confirmados el 18 de Abril, dia de Miercoles Santo, de una manera muy amplia, pues ademas se supo que toda la Peninsula, menos Cadiz y la Isla de Leon, estaba ya ocupada por los franceses; lo cual hizo cundir la inquietud con la rapidez del rayo entre todas las clases del pueblo, y hasta los mismos españoles manifestaban temores, sobresaltos y desconfianza del gobierno.

La ocasion se presentaba muy propicia para hacer renacer en los criollos las pasadas pretensiones, y conjurandose nuevamente, atrajeron a su partido a los principales jefes y oficiales de las tropas que guarnecían la ciudad; y hasta el cabildo, que estaba compuesto de españoles y americanos casi por partes iguales, se presto a provocar una discusión con el capitan general.

El dia siguiente, con motivo de la asistencia a la celebracion de los oficios de Jueves Santo, el ayuntamiento, fiel a su promesa, paso una invitacion a Emparan, quien se presento en la casa capitular y encontró al cuerpo municipal constituido en sesion extraordinaria, arrogandose ajenas facultades y tratando del peligro que corria la America, de la politica que debia adoptarse en aquellas circunstancias y de la perentoria necesidad de organizar un gobierno propio que la pusiera a cubierto de la anarquia.

Emparan, despues de haber eludido habilmente las consideraciones y dificultades que el ayuntamiento le presentaba, concluyo declarando: "que seria inconvenientisima toda innovacion," y salio de allí dirigiendose luego hacia la iglesia metropolitana. Pero los conspiradores le siguen, le interceptan el paso, y uno de ellos, llamado Francisco Salias, auxiliado del populacho, le obliga a volver a la casa capitular sin que los cuerpos de guardia que encuentran al paso opongan la menor resistencia, sino que, antes por el contrario, manifiestan su actitud amenazadora negando a su jefe los honores de ordenanza.

Emparan tuvo que asentir a la idea de formar una Junta suprema; pero habiendo tenido los capitulares la debilidad de acceder por su parte a que este siguiera ocupando al frente de ella el cargo de Presidente, un doctor y canonigo de la catedral de Caracas, el Señor Don Jose Cortes Madariaga, que se anuncio en el ayuntamiento como diputado del clero y del pueblo, en un interesante y elocuente discurso pidio la deposición del capitan general.

En tan criticas circunstancias, Emparan, presentandose en el balcon a la muchedumbre que cercaba la casa capitular, apelo a su voto; pero esta, siguiendo a los conjurados, grito: iAfuera! iAfuera! No le queremos.--Ni yo tampoco quiero el mando-, dijo el despechado, si bien tratando de disimular su enojo y bochorno. Tomose acta de estas palabras y se consideraron alli mismo como una renuncia voluntaria.

El ayuntamiento, auxiliado por varios particulares llamados a su seno en calidad de diputados de las diferentes corporaciones y clases de la sociedad, declaro: "Que las provincias de Venezuela procederian a constituir un gobierno encargado de ejercer la soberania a nombre y en representacion de Fernando VII," acto por medio del cual desconocio la autoridad de la regencia, y luego expulso de su territorio las autoridades principales que hasta alli habian representado a la nación española, aboliendo al propio tiempo el odioso tributo de los indios y la Inútil de esclavos.

Una vez desterrado el capitan general, el mando superior de las armas fue conferido a un sujeto de gran instruccion y valor personal; este era el coronel Fernando Toro, hermano del marques de este nombre, que había sido educado en España.

Pronto las provincias de Barcelona, Cumana, Margarita, Barinas y asi sucesivamente las demas, menos las de Coro y Maracaibo que se declararon fieles a la regencia, enviaron sus diputados a la junta, reconociendo asi el nuevo gobierno de Venezuela. Y si bien es cierto que a poco la Guayana se retracto de su primer acuerdo mandando presos a la metropoli, a la Habana y Puerto-Rico a los adictos al nuevo orden de cosas, por otra parte, el reconocimiento hecho por Merida del gobierno establecido en la capital, separandose de Maracaibo con noble entusiasmo, compenso en parte semejante defeccion.

La Junta envio a Coro y Maracaibo algunos comisionados para tratar con las autoridades españolas, y estas los recibieron como traidores, y como a tales los remitieron sin vacilar un momento a las prisiones de Puerto-Rico. En vista de semejante atropello, ordeno la Junta que el marques del Toro partiese al frente de alguna tropa contra la provincia de Coro; y dicho señor, cumpliendo con lo dispuesto por aquella, situo por lo pronto su cuartel general en Carora.

Mientras estos sucesos tenian lugar, el coronel Simon Bolivar, investido de los poderes necesarios por la Junta y acompanado de Luis Lopez Mendez, se dirigia a Inglaterra para solicitar la proteccion de su gobierno contra el enemigo comun, en el caso de que este intentara apoderarse de Venezuela, y al propio tiempo impetrar su mediacion con el de España para que no se turbase la paz y buena armonia que hasta allí habian existido entre los habitantes de ambos hemisferios.

Aunque Bolivar fue bien recibido por el marques Wellesley, ministro de Negocios Extranjeros de la Gran-Bretaña, solo obtuvo contestaciones evasivas a causa de la alianza que por aquel tiempo tenian hecha las dos naciones. Cumplida esta mision, nuestro heroe se hizo a la vela de regreso para su pais nativo en compañia del general Miranda.

Las Cortes generales y extraordinarias de la nacion española, instaladas el 24 de Setiembre en la Isla de Leon, dieron omnimoda facultades al ministro del Supremo Consejo de España e Indias Don Antonio Cortabarria para que, auxiliado por algunos buques de guerra, las tropas de Puerto-Rico, Cuba y Cartagena, interviniese en los asuntos de las colonias; pero con la prevencion de no apelar a la fuerza de las armas sino en el caso extremo de que los medios de persuasion fuesen de todo punto esteriles. Para esto debia obrar de acuerdo con el gobernador de Maracaibo, Don Fernando Miyares, a quien el mismo Cortabarria llevaba el nombramiento de capitan general de Venezuela.

La junta de Caracas se nego en un principio a reconocer y prestar obediencia a las Cortes generales; pero luego, accediendo a la opinión de sus miembros mas respetables, quiso dar una prueba de desinteres convocando a un Congreso nacional. Hubo por entonces un conato de sublevacion en sentido de reconocimiento del Consejo de regencia, y sorprendidos por la Junta, los revoltosos fueron condenados unos a encierro en las bovedas de Puerto-Cabello y la Guaira, y otros desterrados a perpetuidad. Entre estos ultimos figuraban los ricos hermanos peninsulares Don Francisco y Don Manuel Gonzalez y Linares, del comercio de Caracas.

La noticia de horribles asesinatos perpetrados en Quito en las personas de varios decididos patriotas, produjo grande indignacion en el pueblo caraqueño, quien, cercando el palacio de la Junta, pedia la expulsion de los españoles y canarios; pero la Junta, decretando se hiciesen honores funebres a los desgraciados americanos, logro apaciguar el tumulto; y para evitar la reproduccion de semejantes escandalos y trastornos, la noche de aquel mismo dia, que era el 24 de Octubre, apreso y expulso a los que suponia promovedores de disturbios. Estos fueron Jose Maria Gallegos, Jose Felix Ribas y tres hermanos suyos.

Treinta y cinco dias despues de este acontecimiento, es decir, el 28 de Noviembre, el ejercito de occidente, al mando de Toro, atacaba a las tropas de guarnicion en Coro, desalojandolas de un reducto y tomandoles un cañon; y dos dias despues ponia en fuga a las de Miyares, que le salio al paso en Sabaneta con 800 hombres entre infantes y caballos, haciendole algunos prisioneros y ganando una pieza de campana. En Carora dejo de picarles la retaguardia, y despues de guarnecer esta poblacion, asi como tambien la de Barquisimeto, se retiro a Caracas, donde corria la noticia de la llegada de Miranda al territorio venezolano.

La Junta que gobernaba en nombre de Fernando VII, creyo que el dar asilo a tan ardiente republicano seria altamente contradictorio con la situacion en que se habia colocado, y trato de estorbar el desembarco de este general, y hasta llego a brindarle con una dependencia diplomática a fin de alejarle. Pero el pueblo le tendio su mano protectora, recibiendole con las mas singulares muestras de respeto y deferencia.
Entonces el gobierno hizo alarde de entusiasmo y le confirio el titulo de teniente general, mandando que se buscasen y destruyesen todos los documentos que la anterior administracion formulo contra el buen nombre de tan distinguido militar y patriota.

De este modo terminaba el año 1810, preparandose, merced a acontecimientos que casi nos atreveremos a calificar de providenciales, la realizacion de los deseos en que ardia el corazon de los venezolanos.
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