Hildegarda de Bingen (1098-1179), fue una abadesa, mística, teóloga, científica, música y escritora, con fama de visionaria. Se decía que tuvo visiones , luces y figuras misteriosas en el cielo, que la Iglesia atribuyó a inspiración divina. Pero la causa científica probable corresponde más a problemas neurológicos, debido a las fuertes migrañas que sufría.
Era Hildegarda la menor de diez hermanos de una familia noble alemana; a los 14 años fue recluida en el monasterio de San Disibodo. Allí aprendió latín, griego, liturgia, música, oración y ciencias naturales. A los 38 ya era madre superiora, y compaginó la dirección del convento con la escritura de nueve libros sobre temas diversos. Como científica o médica, trató los elementos de la naturaleza, el cuerpo humano y las causas de las enfermedades desde una perspectiva global que incluía conocimientos de botánica y biología. Fue pionera en el estudio del cuerpo femenino por separado del masculino, relacionando sus observaciones con las características del género. Además se atrevió a describir el acto sexual como una unión que iba más allá de la procreación, y consideró la condición social y la educación de la mujer.
Su original creación musical -la sinfonía de las revelaciones celestiales, que ha sobrevivido en manuscrito- comprende 77 canciones y una ópera. Desde 1977, el grupo alemán Sequentia se dedica a interpretar su obra, que también interesó al movimiento New Age.
Falleció a los 81 años en el monasterio de Rupertsberg.
Ver también: Religiosidad en el paleolítico



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