16/11/08

Nariño, 1812, 1813

Veremos las actuaciones de don Antonio Nariño en 1812 y 1813 intentando no duplicar material del ya relacionado en otros artículos dentro de este blog.
Insertémonos de lleno en ese tiempo. La constitución de 1811 era una almagamar de contradicciones y de sistemas opuestos, de gente que apoyaba por ejemplo la regencia española y quienes la desconocían, por mencionar un caso notorio. De resultas que el país que vivó Nariño en 1812 era un organismo desarticulado con una cabeza visible que era Santafé y unos miembros dispersos y dispares para nada autosuficientes económica y políticamente hablando. De ahí que el surgimiento de
pateadores y carracos [1] fuera algo natural en ese entorno, de la famosa patria boba. Los centralistas tenían en Nariño su adalid en tanto los federalistas[2] parloteaban a la sombra de Camilo Torres Tenorio ; los primeros proponían un ejecutivo fuerte, en tanto los segundos (las provincias) se empeñaban en copiar el sistema norteamericano y en hacer del congreso algo parecido a una convención nacional francesa. En tanto Nariño por sus experiencias y formación concebía la revolución según su propio temperamento, que lo impulsaba hacia la libertad y la justicia, motivo por el cual tenía mucho carisma con el pueblo, Camilo Torres con toda su ilustración y bagaje jurídico permanecía muy lejos del pueblo.
Se dice que Nariño, aunando teoría y práctica política era el único que tuvo sentido de integración nacional, que abarcaba no solo territorio, sino población, economía y demás.
Los ánimos se fueron alterando y de discusiones dialécticas se pasó a las armas. Era el cantonalismo contra la unificación nacional en torno a un epicentro sólido. Ya en otros artículos hablé de los enfrentamientos militares habidos. Digamos ahora como extra información que en un momento dado se orquestó una conspiración contra el precursor Antonio Nariño por parte de sus oponentes políticos y contradictores; en dicha conjura debía ser muerto nuestro héroe, pero fracasó.
Traigamos a colación unas palabras emitidas el 4 de junio de 1812 por el paladín de los derechos del hombre: “¿En qué están mis crímenes y tiranías? Si la libertad consiste en que todos hagan cuanto se les antoje, sin principios, sin previsión, sin cálculo, sin discerniendo de los tiempos y los lugares a los que se han de aplicar los principios generales, desde ahora digo y confieso que ésta no es la libertad porque tanto he padecido…”
En Julio de 1812 en los tratados de Santa Rosa se pusieron término a los enfrentamientos militares; Nariño regresa entonces a Santafé y renuncia a la dictadura, siguiendo sus cauces legales como presidente; pero las cosas se pusieron difíciles y el 10 de septiembre ocurre un motín militar que regresa a Nariño a la dictadura. Las federalistas lo acusan de estar uniendo las Provincias para entregarlas a don Benito Pérez el nuevo virrey que acaba de arribar a Santa Marta. Nuevos enfrentamientos militares. El 23 de noviembre de 1812 Nariño marcha hacia Tunja frente a un convoy; se enfrentaron los bandos, perdiendo este encuentro los centralistas, quienes se retiran a Santafé para preparar la resistencia y el contraataque. Efectivamente hicieron fortificaciones y rehicieron las tropas. Su yugular era el tiempo pero el enemigo se los concedió largamente. Solo hasta el 23 de diciembre intentaron los federalistas sitiar la ciudad. Ya había intentado Nariño unas capitulaciones para poner fin a este desangre interno innecesario pero Antonio Baraya, insolentemente había exigido la rendición incondicional y alardeaba con entrar a la ciudad a sangre y fuego.
A enero 1 de 1813 se habla que Baraya ha tomado los principales caminos de acceso y que pretendía hostilizar a Santafé por hambre. Sus campamentos estaban en Usaquén, Puentegrande, Bosa y Fontibón, en tanto los campamentos de los nariñistas estaban en San Diego, San Victorino, Monserrate, Santa Catalina y Los Laches.
El 9 de enero los federalistas intentan sorprender a sus enemigos enviando tropas alas 2 de la mañana desde el cuartel de Fontibón, pero la impericia de sus guías los hizo extraviarse; de todas formas el grueso de las tropas de la Unión (unos tres mil hombres) ingresan en la plazuela de San Victorino, por la calle Honda y ocupa las avenidas principales. En la calle Prado estaba Nariño con sus 1.050 aguerridos militares, hubo enfrentamiento directo y los hombres del precursor ganaron la contienda, persiguiendo a sus rivales. Vienen las negociaciones de paz y se reestablecen las relaciones cordiales entre los dos poderes. Nariño también apoya con tropas y pertrechos la expedicion militar al Norte contra los intentos españoles de reconquista. Y no solo eso. Se ofrece para liderar las tropas que se dirigirían al sur para contrarrestar a las tropas realistas mandadas por
Juan Sámano; el Congreso acepta. Parte pues Nariño con cerca de 1.500 hombres. Pero las agonías del precursor no eran tan solo esas. Con fecha del 20 de julio de 1813 recibe de Cartagena una carta del gobernante de esa provincia, señor Rodríguez Torices, comunicándole a Nariño que su hijo Gregorio[3] (a quien Antonio Nariño no ve desde 1804) ha sido apresado cerca de Mompós con un sospechoso pasaporte que lo sindica de agente contrarrevolucionario y espía enviado por el gobernador de Cuba, don Pedro de Urbina. Por afecto hacia Nariño se le dejó marchar hacia Santafé. Terrible contraste, su padre como adalid de las libertades y su hijo peleando en el bando opuesto.
A comienzos de agosto de 1813 llega Gregorio al hogar de su padre. ¿Cómo explicar su oposición a las ideas libertarias de su padre? De pronto por haber crecido con las dificultades de un hogar donde su padre estuvo desterrado y encarcelado, en la ruina debido sus ideas, era la razón por la cual asociaba estos eventos a sus particulares desgracias.
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Ver también:
CONGRESO DE VILLA DE LEIVA, EL ESTADO DE CUNDINAMARCA, BOLIVAR Y TORRES
[1] Patiadores, nariñistas o centralistas, también llamados Chisperos.
[2] Congresistas, Carracos o Montalvanes. El nombre carracos les vino debido lo siguiente: don Antonio Manuel Tejada era un clérigo santafereño del bando de los centralistas y compuso un romance en el que daba el apodo de Carracos a los federalistas, por el nombre de unos gallinazos (chulos). Estos aceptaron el reto y publicaron un papel con este nombre de Carraco, que fue el que pisoteó Carbonell.
[3] Gregorio Nariño había nacido en Santafé en 1789; cuando el primer destierro de su padre, fue recogido por su tío político y padrino don Mariano Montenegro, quien poseía negocios en el Chocó y hacia allá se lo llevó. En 1804 fue enviado junto a su hermano Francisco a Londres a estudiar.
[4] Miramon Alberto. Nariño, una conciencia criolla contra la tiranía. Academia Colombiana de Historia. Biblioteca “Eduardo Santos”, Volumen XXI, Bogotá, Editoria Kelly MCMLX