El destierro de Nariño había empezado ya en el artículo anterior que titulé: Nariño y los derechos del hombre.
Pues bien, Antonio Nariño fue embarcado en el bergantín Floridablanca que levaría anclas el 25 de diciembre (vaya navidad) de 1795 en Cartagena de Indias.
El 14 de enero arriba a La Habana (Cuba). Allí es confinado a la fortaleza prisión de La Habana. El ilustre precursor abrigaba la esperanza que España se le haría verdadera justicia y saldría libre de toda culpa.
El 22 de enero de 1795 parte en el navío San Gabriel rumbo a la ciudad de Cádiz. Durante los 56 días que dura la travesía se granjea la amistad de la tripulación y llega a saber que no está en la lista de presos. Por razones extrañas el barco debe fondear fuera del puerto. En horas de la noche es cuando Antonio Nariño sale a tierra firme. Lo primero que se le ocurre es cobrar una libranza a su favor que le adeuda el comerciante gaditano don Esteban de Amador; con los fondos recibidos se traslada a Madrid. Llega a dicha ciudad ocho días más tarde con la ilusión de pedir revisión de su caso pero los indicios lo obligan de nuevo a huir[1]. El 13 de junio de 1796 pasa don Antonio Nariño a Francia, donde hace amistad con don Francisco de Miranda, tal vez por mediación de Pedro Fermín de Vargas; así mismo empieza camaradería con Antonio Tallien (famoso político francés de la época)[2].
Al no obtener mayores progresos en su búsqueda de apoyo para la Independencia de cree conveniente pasar a Inglaterra, la única potencia expansionista capaz de prestarle algún apoyo contra el absolutismo español.
Intenta obtener infructuosamente una audiencia con el primer ministro William Pitt “el joven” en un par de ocasiones. Esto no lo desalienta. Se pone en contacto entonces con un par de judíos que dicen poderlo relacionar con Lord Liverpool, ministro de Estado. Dos meses de espera y nada. Decide regresar a París. Antes de partir recibe la propuesta de apoyo por boca de los judíos, para toda la gesta de independencia pero solo si da la promesa de entregar la colonia a la protección inglesa. Salir del dominio español para someterla a Inglaterra; eso era antipatriótico. Regresa de nuevo a París y el 24 de octubre parte para Burdeos. Llegando allí, enferma y solo hasta diciembre logra recuperarse.
El 12 de diciembre de 1796 Antonio Nariño se embarca para América a bordo del “Sicillia del bastón”. «Miranda, Pedro Fermín de Vargas, Pedro José Caro, etc., se quedan todavía en el viejo mundo con otros precursores anónimos e ignorados, son el grupo de los que Byron llamó los legisladores incógnitos del mundo.»
El recorrido lleva a Nariño por las Antillas mayores y menores y atraca en la capitanía general de Venezuela.
El 12 de junio de 1797 en horas de la madrugada decide visitar, sigiloso, a su esposa y a sus hijos. Seis días se queda al lado de sus seres queridos. Luego parte de nuevo por temor a ser capturado o a perjudicar a su familia si llegan a sorprenderlo junto a ellos, va por Cundinamarca y Tunja, disfrazado, como un evangelista de la libertad intentando avivar la flama de la revolución en las gentes que no ha mucho protagonizaran la gesta de los Comuneros. ¡Ah! Pero las gentes temen comprometerse a pesar de parecerles necesario hacer algo para remediar su opresiva situación. Pero sus enemigos están expectantes y son informados de la presencia del precursor Nariño en la Nueva Granada, el 3 de julio pese a las precauciones de don Antonio. De inmediato se somete a vigilancia permanente su esposa y su hijo tratando de ubicar al proscrito. Rápidamente, el día 18 del mismo mes se dicta “la instrucción que se ha de observar para la prisión de don Antonio Nariño” y se distribuye en todo el virreinato. En dicho documento se extreman las precauciones para evitar la fuga del reo y se dictamina que su remisión se hará a nombre de Monsieur Lebruc y no a nombre de Nariño.[3]
Ver también: Bicentenario de la independencia
[1] El Rey Carlos IV confirma corrobora lo dispuesto por la Audiencia y emite la orden de captura.
[2] Antonio Nariño suponía que Francia apoyaría el proceso de independencia americano; sus charlas con el esposo de Teresa Cabarrús le hacen comprender lo impensable que era esto debido a La Paz firmada entre España y Francia y si habría de recibir algún apoyo esto se haría soterradamente.
[3] Miramon Alberto. Nariño, una conciencia criolla contra la tiranía. Academia Colombiana de Historia. Biblioteca “Eduardo Santos”, Volumen XXI, Bogotá, Editoria Kelly MCMLX.
04/11/08
El destierro de Nariño
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