30/09/08

10 de julio de 1810

10 de julio de 1810, El Socorro.
En el artículo anterior, 9 de julio de 1810 dejamos un pueblo levantado contra las injusticias del corregidor español. Pues bien, temprano en la mañana del nuevo día, dos manifestantes más fueron muertos por la fusilería española. El pueblo hervía de ira; pero no solo El Socorro, al mitin se unieron pobladores de otras aldeas.
Huyendo de las masas enfurecidas, el corregidor José Valdés Posada, el teniente Antonio Fominaya, sesenta veteranos de la guarnición, varios reclutas y paisanos adictos al régimen se van al Convento de los religiosos capuchinos. La turba, como 8.000 hombres, asedia el mencionado edificio y al cabo de las horas los realistas se rinden. El Corregidor fue cargado con grillos.
Miguel Tadeo Gómez Plata y Pedro Ignacio Fernández en alocución a la muchedumbre los incitan a mantenerse levantados defendiendo sus derechos[1].
El pueblo procede entonces a elegir un gobierno provincial del Socorro, integrado por lo más granado del cabildo local, a los que se anexarían: el doctor José Ignacio Plata, cura de Simacota; el doctor Pedro Ignacio Fernández; don Miguel Tadeo Gómez, don Ignacio Carrizosa, don Javier Bonafont y don Acisclo Martín Moreno. Dentro de la línea ideológica en boga, juraron fidelidad a Fernando VII y estar dispuestos a someterse aun a la fuerza contra las “pretensiones inevitables del virrey”. Procede entonces el cabildo a comunicar lo ocurrido al virrey y al cabildo de Santafé, invitando a los cabildantes santafereños a formar su propia junta y convidaba a don Antonio Amar a ser consecuente con la causa rebelde[2].
10 de julio, un peldaño más rumbo al 20 de julio de 1810.Véase: historia de Colombia 1797-1810, Bicentenario de la independencia
[1] Se cita que dijo don Miguel: “Que caiga la tiranía, que sean libres nuestros descendientes es lo que importa, aunque nuestras cabezas caigan bajo la cuchilla de nuestros opresores”.
Del mismo modo espetó el presbítero Fernández: “Socorranos: he aquí destruidas las huestes españolas con solo el poder de nuestros brazos victoriosos sin más armas que las piedras arrojadizas… ¡No más tiranos! ¡Ya está consumada la obra de nuestra constancia y de nuestro amor a la libertad! ¡Ya no habrá entre nosotros más que hombres libres!”.
[2] Forero Manuel José. Camilo Torres. Biblioteca de Historia Nacional, Volumen XCIV, Edición conmemorativa del Sesquicentenario de la Independencia de Colombia, Editorial Kelly Bogotá D. E., 1960.