Asumió por la fuerza el poder en junio de 1953, impulsado tácitamente por los jefes políticos del liberalismo que temían el potencial revolucionario y anárquico gestado tras de la violencia y se veían incapaces de contenerla[1]. Pero no olvidemos que a su vez los conservadores de las facciones Ospinista y de Gabriel Alzate, soñaban un suceso así que les diera una amplia cuota burocrática como preámbulo a la Presidencia[2]. Además, el ejército había fortalecido su posición desde el gobierno de Ospina, todavía en muchos sectores se destacaba como símbolo de neutralidad (cosa que no se podía decir de la policía, politizada a más no poder).De entrada su gobierno ofreció amnistía a los insurgentes-¿buscando debilitarlos? ¿O sinceramente poner fin al enfrentamiento?- Los pronósticos militares proyectaban que la desmovilización de los combatientes en los Llanos y el Tolima, persuadiría a las otras zonas de hacer lo mismo[3].
Desde luego, la amenaza que ofrecía la unificación de los diversos movimientos guerrilleros regionales y la posibilidad de su articulación a nivel nacional, obligó en gran parte al régimen militar a procurar medidas inmediatas para desmovilizar a los armados[4].
Según las orientaciones del partido comunista, este golpe de estado no representaba ningún cambio de fondo en el país, solo de forma, puesto que igual el régimen que asumió el mando seguiría cooperando con los Estados Unidos[5]. En parte tenían razón; el ascendiente conservador Ospinista en el presidente era notorio.
La burguesía liberal había perdido toda esperanza de recuperar el poder para su partido por el camino de las asonadas o aventuras, que estaban orientando desde el asesinato de Gaitán. Y vio con muy buenos ojos este giro de los acontecimientos. Como Comandante General de las Fuerzas Armadas fue nombrado el Brigadier General Alfredo Duarte Blum, compañero de Rojas en la Escuela Superior de Guerra. Se despacharon comisionados gubernamentales y del ejército a las zonas guerrilleras para empezar negociaciones[6]. Partiendo de la premisa de darle tratamiento político y no coercitivo (se deja de llamar bandoleros como se hacía en el anterior régimen), se procede a fondo[7].
Asesorado de los medios de comunicación de masas, escritos y hablados, pertenecientes a ambos partidos, se lanza a desmontar al movimiento guerrillero que en aquel momento tenía como 47 o 48 frentes diseminados en todo el país. Las guerrillas liberales que habían sido organizadas algunas por iniciativas de los jefes de este partido, y otras como reacción contra la violencia, se habían ido al monte, pero, conservando sus sentimientos liberales y acatando las directivas de su partido. Entonces fueron las primeras en responder al llamado que les hacían sus jefes desde las páginas del Tiempo y del Espectador. El 23 de junio decretó la rebaja del 20%, en el término de las sentencias condenatorias por rebelión política, anteriores al 13 de junio[8]. Su primer año de gobierno contó con el apoyo global de los estamentos políticos.
[1] SANCHEZ, Gonzalo y MEERTENS, Donny. Bandoleros, gamonales y campesinos.: El caso de la violencia en Colombia. Bogotá 1983, página 41
[2] TIRADO Mejía, Alvaro. Rojas Pinilla: del golpe de opinión al exilio, en Nueva Historia de Colombia Vol. II. Planeta Colombiana editorial, 1998, página 105
[3] SANCHEZ, Gonzalo y MEERTENS, OP. Cit., página 41
[4] MARULANDA, Elsy. Colonización y conflicto las lecciones del Sumapaz, Tercer mundo editores 1991, página 252
[5] RAMSEY, Russel. Guerrilleros y soldados, Tercer mundo editores segunda edición, 2000, página 208
[6] Ibíd.., página 220
[7] TIRADO Mejía, Alvaro. Op.,cit., página 113
[8] RAMSEY, Russel. Guerrilleros y soldados, Tercer mundo editores segunda edición, 2000, página 221



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