Estas grandes propiedades que no pueden ser explotadas por el dueño mismo, son un obstáculo para el ejercicio de facultades industriales y el empleo de capitales menores; conducen a la formación de una aristocracia territorial dominadora y poco simpática a las ideas y formas republicanas, y a la larga contribuyen a la degradación y envilecimiento de las clases populares.
(Tomado de Memorias de Salvador Camacho Roldán, Editorial Bedout, s.f.)
Existen discrepancias entre los eruditos sobre si la regeneración comienza o no con Julián Trujillo; para este estudio considero adecuado presumir, que ese conjunto de cambios tendientes a centralizar el manejo del país, efectivamente comenzaron bajo su administración, como se verá, aunque sea someramente en la rápida sinopsis de su gobierno, dado que allanó el camino hacia el poder por parte de Don Rafael Núñez.
1. Julián Trujillo 1878-1880.
Las armas fueron también su medio para llegar al poder. Su victoria contra los conservadores en
Durante su gobierno se iniciaron las excavaciones del canal de Panama así como las conversaciones con
Seguía vigente la decisión de mantener una paridad rígida ente el oro y la plata, que comenzó a afectar el sistema comercial desde el momento en que desmonetizada la plata en casi todos los países avanzados, ésta comenzó a depreciarse, de modo que resultaba legalmente sobrevaluada en el territorio nacional.En el país no existía moneda uniforme, los bancos (para la fecha habían alrededor de 42, casi todos medianos negocios de usura) tenían derecho de emisión y el desarreglo monetario había contribuido a aumentar el tipo de interés. La exportación de tabaco (producto bandera del país) venía en franca caída, con la consecuente reducción de ingresos para los dueños del oligopolio, la merma en la importación de bienes europeos, y la disminución de los ingresos aduaneros del gobierno; el protagonismo temporal del comercio exterior lo empezaba a tener la quina (que llegó a su máximo volumen de exportación en estos años).
2. Rafael Núñez 1880-1882.
«Los vecinos importantes y algún tanto adinerados en cada localidad vienen en tropel a Bogotá, sacrificando sus fortunas en busca de un hogar tranquilo para sus familias, resignándose a la oscuridad y a una vida de privaciones, antes de estar sometidos a los puñales de los asesinos, a los salteadores y a las horribles vejaciones de los mandarines de parroquia». [1]
Desde 1875 era un antagonista convencido del Olimpo radical, ascendiendo al solio presidencial con la oposición de tal grupo liberal (que contaba a la fecha con varios Estados armados) y contando con el apoyo exclusivo de los independientes.
Indagando en las fisuras del programa libre cambista de los liberales radicales, descubrió que había consumido a la industria artesanal, inhibido el establecimiento de nuevas industrias nacionales, impulsado el consumo de bienes extranjeros, y que, cuando las exportaciones descendieron, agotaron el efectivo circulante en el país…así mismo, en un país donde la gran mayoría profesaba la fe católica, consideraba los ataques contra esta, como destructivo de la estabilidad política e imprudente, porque alejaba al pueblo de los cuadros directivos liberales. Y como colofón, en un país arruinado por las contiendas civiles,
Pese a la coyuntura política, impulsar una reforma constitucional no era conveniente, porque no tenía consenso al interior del congreso, su mayoría no era contundente como para sacar adelante las innovaciones.
Fue elegido presidente con el voto de siete estados en una elección en que derrotó al liberal radical Tomás Rengifo. Creó el Banco Nacional, reinició la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y reinició las relaciones con España.
Su plataforma económica se basó en el Banco Nacional y la implantación del papel moneda de curso forzoso (y el privilegio exclusivo de emitir moneda por el Banco Nacional), complementado por una política de aranceles proteccionista para ciertas industrias incipientes (realmente como elemento político que le permitiera “reclutar” a sectores de artesanos). Como muestra de su espíritu de cambio, incluyó por vez primera a un conservador (desde 1861) en su gabinete y dos más ilustres conservadores accedieron a los cargos de Embajador en Europa y director de la biblioteca Nacional (los señores Carlos Holguín y Miguel Antonio Caro respectivamente).Sin embargo su gestión contó con la oposición activa de los banqueros particulares que sentían amenazada su posición por la banca oficial y de los radicales que veían como un liberal accedía a solicitudes conservadores. En pleno colapso fiscal, la burocracia pública creció abrumadoramente, pagando con proliferación de puestos, el apoyo recibido. Terminando su mandato constitucional, urdió la candidatura del septuagenario, señor Zaldúa, a sabiendas que contaba con el apoyo de siete estados, frente a dos de los radicales. Desafortunadamente para el nuñísmo, las desavenencias se hicieron insalvables con el señor Zaldúa. Con él, los radicales creyeron haber recuperado el poder.
[1] MARTINEZ Silva Carlos, Ob., Cit., página 228.



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