«Apenas amaneció la aurora de nuestra libertad, quando se oyó por todo el Reyno la voz de la federación: Voz vaga, aunque general, porque no se le asignó el verdadero significado que conforme a nuestra situación le convenía. Todas las provincias, mayores y menores, quisieron ser Estados Soberanos independientes, llevadas del entusiasmo que justamente tenían por el gobierno de
La fricción entre populacho y notables criollos se agudizaba. Carbonell y Nariño como emblemáticos de las masas purgaban penas. El
Ahora pasaron a tributar el Alcabala-como un impuesto de industria- y demás cargas del fisco. Anexe el acabóse de los resguardos y tenemos una masa de trabajadores óptimo para ingresar a las grandes haciendas con sueldos pírricos, como deseaban en su fuero interno los burgueses metidos a políticos. ¡Ah! Pero la igualdad del aborigen era restringida, ya que hablando del sufragio no tenían derecho a votar ni a ser elegidos (como tampoco podían hacerlo las personas sin propiedades, los menores de 25 años y las mujeres).Habían dos grandes grupos de presión y opinión, los federalistas (apoyado por caudillos locales que rechazaban las pretensiones hegemónicas de la capital), que preconizaban provincias iguales e independientes, conservando su administración interior y la de ciertas rentas y también el nombramiento de sus empleados; Y los centralistas, que pugnaron por la existencia de un gobierno central fuerte que garantizara la independencia primero y luego la estabilidad y el desarrollo. Estos idearios los llevaron a las armas en reiteradas ocasiones, poniendo como objetivo militar a la ciudad de Bogotá. (A veces la disección de estas luchas, obligan a pensar en ánimos beligerantes y obtusos de marcado clasismo, en odios personales y enfrentamiento entre plebe y oligarquía).
Ver tambien: 20 de julio, diario político de Santafé










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